viernes, 2 de abril de 2010

Un abrazo

Lo abrió, y sacó el compact disc, lo colocó de una manera suave sobre la bandeja de la mini cadena, como si de un tesoro se tratase. Pulsó arrebatada el botón de selección de pista, y lo colocó en la dúo décima pista.

Pasados 3 segundos, comenzó la canción. Ella sentada en el sofá color verde manzana apagada, y él buscando en su chaqueta.

-No me queda tabaco. Voy a comprar, ¿Vale?-Dijo él con el último cigarro encendido.- ¿Quieres algo?-
Ella negó con la cabeza, como apreciando su totalidad .Mientras él, andaba a ritmo de la canción hacia la puerta dando en el último momento una vuelta.

La puerta se cerró, y la canción seguía. No tenía otro lugar que mirar que la puerta por donde se había ido. Enseguida pasó de mirar la puerta al pasamano, del pasamano al macetero recién comprado, de allí, su vista pasó a ese horrible perchero color verde pistacho. Terminó en el reloj que contaba la duración de la canción. Eran ya dos minutos, once segundos los que llevaba la canción, por lo tanto, se había ido hacia un minuto y dos segundos, cuando la trompeta daba un “mi” bastante largo, que coincidió con el portazo.

Miraba desde el rincón más pequeño del sofá el piso nuevo. Tenía una estantería a cuadrados llenos de libros que separaban una pequeña sala de estar del resto de la casa.

Sus ojos lloraron, y sonreía a la vez.

Sonaron unas llaves en el pasillo, y ella cogió el mando, aún caliente, de la mini cadena.

Entró y dejó las cosas en la mesita de roble:
-¿Te pasa algo? – Preguntó extrañado de su llanto y el rastro de saladas lagrimas en su mejilla.

Ella no habló, y sonriendo, negó con la cabeza.

-¿Has vuelto a poner la canción? –Preguntó con una sonrisa y un dedo señalando al aire.

Asintió con la cabeza. Cuando asentía, su barbilla se escondía en el cuello alto de ese jersey que pertenecía a él.

-Y ¿Por qué? Si no habría acabado aún-. Se extrañó él.

Ella lo miraba, y por su ceño, se sabía que estaba sonriendo. Le cogió la mano y acercándolo al sofá, logró que se sentara. Él aún, llevaba su corbata y su camisa.

Apoyó su cabeza en él, e ignorando el tiempo que había pasado, le respondió:
-Sí, la he vuelto a poner, así, parece que nunca te hayas ido a por tabaco-.Dijo con los ojos cerrados.
Él, simplemente, la abrazó. Sabía que la quería. Sabía que lo quería.

J.Codina

No hay comentarios:

Publicar un comentario