domingo, 27 de diciembre de 2009

Megalodon

El megalodon, llamado también megalodonte, tiburón megadiente y tiburón blanco gigante (Carcharodon megalodon), fue un tiburón gigante que vivió probablemente entre hace 20 y 1,5 millones de años, aunque se han llegado a sugerir fechas de extinción más tardías.

El megalodon se conoce únicamente por numerosos dientes fósiles y algunas vértebras y esqueletos parciales en el Caribe. Los dientes son en muchos aspectos similares a los del tiburón blanco actual (Carcharodon carcharias), pero con un tamaño que puede superar los 17,5 m de largo, por lo que se suele considerar la existencia de un estrecho parentesco.

(y probablemente, también parecido aspecto y conducta) entre ambas especies. Sin embargo, algunos investigadores opinan que las similitudes entre los dientes de ambos animales son producto de un proceso de evolución convergente.

Denominación y evolución

En 1995 se propuso trasladar la especie a un nuevo género, Carcharocles. A fecha de hoy, la cuestión no se ha resuelto del todo. Muchos paleontólogos se inclinan en la actualidad por el nombre de Carcharocles, mientras que otros (sobre todo especialistas en biología marina) mantienen su conexión con el gran tiburón blanco e incluyen a ambos animales en el género Carcharodon. Los defensores de Carcharocles opinan que el ancestro más probable del megalodon fue el Otodus obliquus del Eoceno, mientras que el tiburón blanco descendería de Isurus hastalis, el "mako de dientes anchos" del Mioceno.

Existe la teoría de que los megalodones adultos se alimentaban de ballenas y se extinguieron cuando los mares polares se volvieron demasiado fríos para los tiburones, permitiendo que las ballenas estuviesen a salvo de ellos durante el verano. El diente del tiburón megalodon era del tamaño de una mano y el del tiburón blanco del tamaño de un dedo.

Tamaño

Las estimaciones más sensatas del tamaño de esta criatura oscilan entre los 12 y 15 metros. Las reconstrucciones previas con longitudes que podían llegar a los 30 metros se consideran por lo general como poco precisas.

¿estan extintos?

Aunque la gran mayoría de los expertos consideran que la evidencia disponible indica claramente que el Megalodon está extinto, la idea de que una población superviviente pudiese seguir existiendo en la actualidad parece haberse asentado en el imaginario público, a pesar de que la mayor parte de las evidencias en favor de esta idea es escasa. Sin embargo esta idea no es descartada por la mayoría de los científicos.

Pruebas concretas

Los análisis de dos dientes de Megalodon encontrados por el HMS Challenger dan una fecha de entre 10.000 y 15.000 años de antigüedad, tiempo estimado para la deposición de la cantidad de manganeso acumulada sobre ellos. No obstante, es bastante probable que los dientes estuviesen ya fosilizados antes de que la costra de manganeso se desarrollase sobre ellos, por lo que su origen sería mucho más antiguo y no tendría nada de extraordinario. Varios autores opinan que las estimaciones recientes para estos dientes son imprecisas y que cualquier afirmación de la existencia de Carcharodon megalodon en tiempos post-pliocénicos es simplemente errónea, basada en metodología y experimentos obsoletos [1]. Roesch y otros recalcan el hecho de que los megalodontes eran probablemente animales costeros (como los tiburones blancos), por lo que una supervivencia en el fondo de los océanos sería extremadamente inverosímil.

Por otra parte, se ha informado de supuestos hallazgos (sin confirmación por parte de expertos) de esqueletos y huesos de cachalotes en cuyo interior aparecían dientes de megalodonte incrustados. No obstante, las historias de este tipo se consideran simples leyendas urbanas.

Relación con monstruos marinos

Algunos informes relativamente recientes sobre grandes criaturas semejantes a tiburones se han interpretado a veces como descripciones de megalodones supervivientes, pero suelen considerarse en la mayoría de los casos como identificaciones erróneas de tiburones peregrinos, tiburones ballena u otros animales de gran tamaño. Un famoso ejemplo de esto fue recogido por el escritor Zane Gray. Es posible, aunque poco probable, que algunos de estos avistamientos correspondan a tiburones blancos anormalmente grandes. Este es el caso de otro famoso avistamiento dado a conocer por el naturalista australiano David Stead. Aunque de enorme difusión, este relato se considera generalmente como de poco valor debido a que la mayoría de las afirmaciones que contiene provienen de fuentes anónimas:

..."En el año 1918 recogí la sensación que se había causado entre los recolectores de marisco "forasteros" en Port Stephens, cuando, durante varios días, se negaron a ir a sus caladeros regulares en las cercanías de la isla Broughton. Los hombres habían estado trabajando en los caladeros situados en aguas profundas cuando un inmenso tiburón de proporciones casi increíbles hizo acto de presencia, levantando una nasa repleta de cangrejos tras otra, y tomando, como los hombres dijeron, "nasas, amarras y todo". Estas nasas de cangrejos, debe decirse, medían alrededor de 6 pulgadas (1,06 metros) de diámetro y contenían con frecuencia de dos a tres docenas de cangrejos de buen tamaño, cada uno de los cuales pesaba muchas libras. Todos los hombres eran unánimes al afirmar que este tiburón era algo que nunca habrían soñado. En compañía del Inspector de Pesca local, interrogué a muchos de los hombres de forma muy exhaustiva y todos ellos estuvieron de acuerdo en el tamaño gigantesco de la bestia. Pero las longitudes que ellos proporcionaron eran, en general, absurdas. Lo menciono, no obstante, como indicativo del estado mental en que les había introducido este inusual gigante. Y teniendo en cuenta que éstos eran hombres que estaban habituados al mar y todos los tipos de tiempo, así como a todos los tipos de tiburones. ¡Uno de los miembros de la tripulación dijo que el tiburón tenía por lo menos trescientos pies (90 metros) de largo! ¡Los otros decían que era tan largo como el muelle en el que nos encontrábamos -alrededor de 115 pies (35 metros)!. Afirmaban que el agua "hervía" en una amplia zona cuando el pez pasó nadando por ella. Estaban completamente familiarizados con las ballenas, que habían visto pasar a menudo en el mar, pero esto era un gran tiburón. Habían visto su terrible cabeza que era "por lo menos tan larga como el suelo del muelle situado en la Bahía de Nelson". ¡Imposible, por supuesto! Pero éstos eran hombres prosaicos y bastante imperturbables, no dados a las "historias sobre peces" ni siquiera cuando hablaban sobre sus capturas. Aún más, ¡sabían que la persona con la que hablaban (yo mismo) había oído todas las historias sobre peces antes! Una de las cosas que me impresionó fue el que todos ellos concordaran en el fantasmal color blanquecino del gran pez. El Inspector de Pesca de la localidad en esa época, el señor Paton, estuvo de acuerdo conmigo en que aquello tuvo que ser algo realmente gigantesco para poner a estos hombres experimentados en un estado de miedo y pánico"...

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